La semilla del fracaso (2)
blog Christian Echeverría
Foto: Ann London
Sigue mi vida en Quetzaltenango. Los hijos de esta ciudad saben llenar con poco los vacíos de un capitalino cercenado. Aquí la soledad y el sentirse invisible -las pesadas piedras que traigo en la mochila-; quedan expuestas sin piedad. Duelen, pesan. Yo llego harto. Harto de sentirme nadie, de sentirme solo, y de pasar de un gueto al otro caminando, mientras lucho contra el miedo y la desconfianza aprendidos en el urbanismo fragmentado de la capital.
Pero soy feliz y me dejo llenar. Con un amigo y socio quetzalteco, hemos emprendido la tarea de expandir en Xela la radio y la revista on-line que con mucho trabajo él y la mamá de sus hijos hermosos, socia y periodista; habían emprendido en el Lago de Atitlán hace años. He de vender espacios publicitarios, y ser en mi nueva ciudad su corresponsal. Duermo en pensiones y casas ajenas. Me caliento con las providenciales chamarras de la cama de sus hijos y su hermano. Nunca falta un plato de comida. Nunca. Tampoco sus amigos que ofrezcan posada. Los restauranteros, los músicos, los pintores, los bohemios, la extranjera bonita que uno conoce gracias a la nobleza pura de este personaje, y a que he decidido fluir con la vida. Tampoco falta la amiga y colega periodista con la que se abre el corazón y se charla por horas. Que ofrece integrarme a sus amistades, con la que se camina por la bella ciudad masona; y de la que con el tiempo me puedo enamorar.
Sigue mi vida en Quetzaltenango. En el artículo anterior me inspiré en una conflictiva pensión para reflexionar sobre el destino y el porvenir; y hoy quiero continuar sobre lo que necesitan las mujeres del pueblo. Sobre su distancia invisible y silenciosa hacia sus hombres; y sobre el conflicto psicológico guatemalteco por excelencia: la inhibición aprendida, como lo define el psicólogo guatemalteco Marco Antonio Garavito en su concepto del Síndrome Psicosocial Traumático, que desarrolló en una entrevista que le hice hace poco. Hoy escribo sobre una despedida de solteros:
Los anfitriones eran una pareja de vida urbana pequeño-burguesa. Un exitoso editor educativo de mediana edad. Varonil, plano. Mestizo y bien parecido. De cabello y barba de candado oscuros. Testosterona liberal. Su pareja era la mujer urbana de clase media, que a la mitad de su vida asume con entusiasmo lo que tiene: su exquisita casa de campo, la rica cocina que además es su reino; y muchas ganas de ser alegre y bailar con el mundo. Era de noche, y el frío altense me laceraba el cuerpo en un delicado jardín. Se casaban sus amigos: un inglés maravilloso, matemático y director de un colegio de Panajachel; y una guatemalteca noble, de hermosísimos ojos verdes esmeralda y cabello oscuro. Llegué de colado llevado por mi amigo y socio después de recogerme en el parque y después de pasar la tarde con mi amiga periodista.
Brillar y bailar: una infinita necesidad femenina
¿Qué necesitan las mujeres chapinas? –me he preguntado todo este tiempo en Quetzaltenango, mientras más interactúo con ellas y mejor las conozco- y más puntualmente: ¿Qué necesitan de nosotros los hombres? La pareja comprometida aquella noche fría, era la de un extranjero y una guatemalteca. Pero ¿qué tiene un extranjero que no tenga un chapín para hacerlas felices?
Y ya bien entrada la noche, la cerveza, el ron, la tertulia y la música; en el delicado living del patio, con un par de vasijas cerámicas con carbón ardiente para protegernos del frío; las mujeres y los hombres quedamos bien segregados. Ellas sentadas en línea, haciendo suyo uno de los costados de la puerta: carcajadas, chiflidos, gritos, risas, rumba, alegría toda. Se paraban de su asiento a bailar, a hervir sangre latina, solas, nada ni nadie les faltaba. Nosotros los hombres, al otro costado: filosofía, negocios, elucubración, especulaciones y un buen rato. Recordé de inmediato lo que me dijo mi amiga por la tarde: que a la mujer se le entra por el oído, por los sentidos; y que no hay nada más aburrido para ellas que hablar con un chapín. Que no tiene tema alguno de conversación. Que con un extranjero hay libertad, porque ante una aventura no hace preguntas incómodas, reproches ni estigmas. Recordé lo que me ha contado mi amigo fotógrafo del Uruguay: que una reunión de negocios de una compatriota y un extranjero, puede terminar en idilio sexual con solamente una cerveza como inversión. Una sola. Y es que el alcohol y el fetiche que supone un hombre blanco de ojos azules; parece irresistible para dejar salir al monstruo que siempre está atado, reprimido y sojuzgado. ¿Malinchismo o anhelo de libertad? juzgue usted.
Pero llegó el momento furtivamente, donde los futuros esposos -que además se conocieron en el Salón Tecún-; se entrelazaron con el alma. De fondo una canción pop anglo: Thank You de Dido, y ante ello, los dulcísimos ojos azules del matemático se extraviaron para siempre con los verdes esmeralda hermosos de mi compatriota. Ambos al calor del licor y del amor profundo; se cantaron a destajo, mientras la anfitriona de la casa se aseguraba a la par de su amiga de arrebatar un poco la experiencia religiosa. Como representando a todas las mujeres del pueblo. Como si fuera un arquetipo.
¿Burgués o campesino?: la inhibición aprendida
Garavito afirma que la esperanza se construye con la comunicación en lo cotidiano, y con ello se puede lograr nuestro reencuentro. Nuestro reencuentro como hombres y mujeres, como vecinos, como compatriotas; en una sociedad donde no le creemos más a nadie. Donde nunca nos creemos. Y que además de la confianza, el mayor de nuestros conflictos psicológicos colectivos es la inhibición aprendida. Que siempre estamos mirando. Que nos cuesta actuar. Lo constaté una noche antes donde en un bar, no me fue muy difícil socializar con una atractiva mujer salvadoreña que además iba con su joven hijo. Intercambio de teléfonos y un trago agradable. Mis acompañantes chapines pasaron la velada solos, porque nunca se atrevieron a acercarse a las extranjeritas que les parecieron simpáticas ¿Por qué?
Ya sugerí que los términos "burgués" y "campesino" no los asocio con cuestiones económicas, sino más bien con la cultura. Con formas distintas de relacionarse con el mundo. Nuestro conflicto psicológico, tiene una solución educativa: una educación que nos enseñe a ser. Si ser burgués quiere decir ser cosmopolita, preocuparse por las batallas del espíritu humano y lo bello, esto parece darnos lo necesario para dejar la barbarie de la fragmentación, del miedo colonial y feudal o "dejar de ser campesinos", porque otra semilla de fracaso es nuestra psicología: el no se puede, el no se debe; aunque nuestras mujeres nos pidan a gritos atrevernos a más.
La promesa de la caja roja
Nim K' atz, Asociación por la Libertad de Internet en Centroamérica
Centroamericanos!
- Expresión: No se debe censurar internet.
- Acceso: Promover acceso universal a redes rápidas y asequibles.
- Apertura: Internet debe seguir siendo una red abierta donde todo el mundo es libre de contectarse, comunicar, escribir, leer, ver, decir, escuchar, aprender, crear e innovar.
- Innovación: Proteger la libertad de innovar y crear sin permiso. No se deben bloquear las nuevas tecnologías, y no se debe castigar a los innovadores por las acciones de los usuarios.
- Privacidad: Proteger la privacidad y defender la capacidad de la gente para controlar cómo se utilizan sus datos y dispositivos.
- Monitoreo de políticas en general.
- Un sitio web donde los miembros puedan escribir de los temas que les inquietan o interesan alrededor de los principios a defender.
- Un agregador de noticias relevantes.
- Reuniones en línea cuando la temática lo requiera.
- Firma de pronunciamientos y declaraciones relevantes.
- En una segunda fase, esperamos realizar investigación regional.
La semilla del fracaso
Foto: Ann London.
10 razones por las cuales en el 2013 dejarás tu trabajo
- Autor: Aleph de Pourtales @alepholo
- Tomado de www.pijamasurf.com
El 2013 podría ser el año en el que escapas de la Matrix y te atreves a manifestar tu propia visión –los estados de la economía y la tecnología favorecen a aquellos que abren brecha y se siguen a sí mismos, señala James Altucher. Innovación, creatividad y la subestimada habilidad de desaparecer están a la alza.
Imagen vía Dead Ink Books
"Get out of your apartment. Meet a member of the opposite sex. Stop the excessive shopping and masturbation. Quit your job. Start a fight. Prove you're alive. If you don't claim your humanity you will become a statistic. You have been warned…Tyler"
El modelo de sociorealidad actual nos indica que la felicidad existe solamente dentro de un marco –como el espacio cuadrado en el que ponemos la foto de la familia sonriente–, que generalmente incluye, dinero, trabajo, pareja, familia, objetos de consumo y salud. Todas estas ligadas y en algunos casos obedeciendo a valores casi universales o "eternos" — eternos desde la limitada perspectiva del ser humano como ente social. Sin embargo, no se necesita ser muy inteligente para saber que este modelo no es necesariamente una fórmula para conseguir la felicidad –pero solo una persona inteligente que ha sabido asimilar sus experiencias podrá descubrir que sin tener dinero, familia o pareja o incluso con una enfermedad es posible alcanzar cierta felicidad y disfrutar de la vida, en algunos casos con un mayor valor, con una mayor apreciación, precisamente porque se libera de los paradigmas y de la rigidez y se convierte en pionero (algo básicamente igual a ser uno mismo en un lugar donde pocos lo son). Esto no es un llamado a volcarse en contra de la normalidad e internarse en la maleza metafísica de la individualidad recalcitrante. Es una invitación a reflexionar y para ello, para ver las cosas desde un lugar más fresco y revelador, es necesario a veces poner las cosas de cabeza, derribar el castillo de naipes o subvertir el orden establecido.
Enfoquémonos en el caso del trabajo, siguiendo a James Altucher, quien escribe para Techcrunch "10 razones por las cuales en el 2013 dejarás tu trabajo". Altucher argumenta a favor de la libertad (el free-lance y el tiempo libre) y la creatividad vs. la cultura corporativa y el mito del sueño americano –lo hace desde una trinchera efectista, donde en ocasiones los giros de estilo cubren huecos integrales, pero lo que quiere es provocar, y lo logra. Escribiendo para un sitio de tecnología, que participa hasta cierto punto (y con merecimiento) en la prosperidad y la positividad, Altucher es optimista (optimista como debe de ser un doctor, una maestra de yoga, o un entrepreneur) y, mientras narra la caída del mito corporativo, abre puertas para los intrépidos.
La visión de Altucher sostiene que la economía esta en un gran momento en lo que se refiere a priorizar la innovación. La innovación requiere de imaginación y de un estado de libertad mental que difícilmente se encuentra en una anquilosada estructura corporativa –donde se fantasea con recibir un aumento de sueldo y seguir escalando la babélica escalera del control de mando. La advertencia es radical, persuasiva –es necesario "rendirse a una idea de que quieres crear algo de valor para otros seres humanos"– e inminente: te tienes que mover en este momento y salir de la oficina o tu vida pronto se topará con un oprimente techo al borde de desmoronarse. Un nuevo sueño americano, con la variación de que ahora es persigue una idea (sueña) y salte del esquema, brinca por fuera de la caja para realizarla –suena bien aunque, como todo, puede ser otra gran ilusión, pero, como sugiere aquel disco de Guns & Roses, en este mundo por naturaleza espectral, no nos queda mucho más que (saber) usar nuestra ilusión.
1. La clase media está muerta – Altucher dice que recientemente visitó a un amigo suyo que dirige una corporación con un valor de miles de millones de dólares. Desde su perspectiva se delineaba un piso vacío, las iteradas filas de cubículos habían desaparecido –o sólo había algunos escritorios. "La clase media está siendo vaciada[...] todo se outsourcea o la tecnología ha tomado el papel de los acomodadores de papeles", le dijo su amigo. "Ese es el nuevo paradigma. La clase media ha muerto. El Sueño Americano nunca existió. Fue un engaño del marketing". Por ejemplo Fannie Mac, el gigante de las hipotecas que quebró –en la inercia inicial una crisis global– tenía como slogan: "Realizamos el Sueño Americano".
La propuesta de Altucher sugiere implícitamente que existe la posibilidad, más que nunca, de entrar a la clase alta, de manejar el excedente, de que la tecnología haga el trabajo sucio (ya no de la clase baja y físico, ahora mental) y que nos disparemos a las dimensiones superiores de la prosperidad –esto es evidentemente una visión limitada a países com Estados Unidos (¿cómo sostener este argumento en Sri Lanka o en El Salvador?) De cualquier forma entendemos que escribe primero para Estados Unidos y es un modelo que luego puede adaptarse. Aunque el sueño liberador del tecne permanece tan lejano como la sonrisa amorosa de un robot, existe ciertamente una posibilidad, justamente para aquellos que tienen audacia y creatividad de hackear este estado de las cosas a su favor.
2) Te han reemplazado — El argumento aquí extiende el primer punto. "La mayoría de los trabajos que existían hace 20 años no se necesitan ahora. Nunca se necesitaron. La primera década de este siglo fue pasada por CEOs en sus clubs de Park Avenue llorando a través de sus cigarros, 'cómo vamos a despedir a todo este peso muerto' El 2008 [la crisis financiera] finalmente les dio la oportunidad". Los robots, el crowdsourcing, el outsourcing y las compañías de staff temporal (algunas ganando cientos de millones al año) apuntan a que todos van a ser despedidos.
3) Las corporaciones no te quieren – Habrá personas para las que esto aún no resulta obvio. Pero la mayoría de las corporaciones quieren que te estanques, que les entregues tu vida, que no crezcas mucho (ya que esto amenaza su estructura) y que no sepas que están extrayendo tu élan vital y haciendo millones de dólares con él. Básicamente así funciona, cualquier aproximación a un salto evolutivo personal (ya sea en materia profesional o en tu vida privada) es rechazado po la engranaje corporativo –tu jefe está ahí como el cadenero de la puerta.
4) El dinero no es la felicidad — Aunque esto también debería de ser un tanto obvio, hay que matizar. La típica pregunta es "¿Debo tomar el trabajo que me pague más o el trabajo que me gusta?" (y quizás la verdadera pregunta, como Altucher dice, es "¿Debería de trabajar o no?"). La ciencia respalda la idea de que un incremento en el salario no incrementa la felicidad (especialmente después de cierto nivel básico). Generalmente esto ocurre porque la gente se gasta lo que gana y genera nuevas preocupaciones –y claro después uno descubre que el amor que genera tener un BMW no es muy duradero que digamos. La felicidad en cambio estás más ligada al tiempo libre, a las experiencias (y no a las posesiones), a la creatividad (crear valor), algo a lo que generalmente trabajar bajo un estricto horario cumpliendo con cosas que te pide tu jefe difícilmente contribuye. Así que desaparece por el vórtice que se encuentra en tu cubículo:
5) Cuenta ahora cuántas personas pueden tomar una desición que puede arruinar tu vida — Esto parece ser un consejo básico general. Definitivamente si estás en una posición en la que la decisión de alguien puede estremecer tu vida al punto de colapsar, no estás bien parado. Esto no significa que no seas o debas ser vulnerable –si una persona cercana se suicida seguramente podría afectar gravemente tu existencia y no por eso no debes de acercarte. El sentido de la frase apunta a que por más que formes relaciones íntimas en las que puedas arrojarte, buscando crear (mundos o momentos) y entregando algo importante de ti, es vital que construyas primero una base sólida en ti mismo ( y luego podrás ser tu propio Barón de Munchausen en las arenas movedizas) y seas independiente. La felicidad –o aquella profundidad de bienestar, de dicha ontológica– apela a no ser susceptible a las contingencias: puesto que descansa en el ser (no en el tener). ¿Qué o quién puede quitarte lo que eres? Solamente la muerte, y eso es debatible.
Esto aplicado a tu trabajo de una manera menos metafísica: si hay alguien en posición de frenar tu desarrollo profesional, de impedir que escribas, diseñes, construyas, plantes, compongas o programes lo que quieres, quizás debas intentar encontrar un nuevo arreglo para que no te limiten. Lo que está en juego es más importante que un cheque: estás poniendo en juego tu automanifestación. Y si bien en ocasiones hay que tomar decisiones prácticas que requieren "tragar tierra", no dejes de tener esto en cuenta.
6) ¿Tu trabajo satisface tus necesidades? — Con necesidades Altucher se refiere a necesidades emocionales, espirituales y mentales. Para mantener un trabajo merecidamente debe de proveer tiempo para que puedas divertirte, hacer tus propios proyectos y pases tiempo de calidad con amigos. Nadie, no lo dudes, nació para redactar memos inanes, contestar el teléfono o poner papel en una máquina de copias. El mundo es misterioso y diverso –es posible que entre sus enigmáticas veredas te toque en algún momento realizar algun papel similar, pero no te arredres, diseña desde este momento tu gran plan de desaparición. El sacrificio tiene un sentido, siempre y cuando sea sagrado, que tus actos tengan la conciencia de que están liberando una energía o cumpliendo una función para lograr una intención –de otra forma eres simplemente un autómata.
7) Tu plan de retiro es una mierda–La ecuación básica: la inflación horada tus ahorros y para que puedas cosechar un plan de retiro decente debes de vivir mucho tiempo haciendo cosas que no quieres por lo cual apostarle al retiro es como apostarle a que lo mejor vendrá en la senectud. Y esto no es nada en contra de los adultos mayores, sino a favor de no postergar la vida. Apuéstate a ti mismo, de esta forma tal vez sea imposible que pierdas.
Excusas — Conectando con la anterior, usamos comúnmente excusas para mantenernos en una situación que en el fondo no nos gusta o satisface. Del tipo "necesito un seguro", "no soy suficientemente creativo", "tengo que pensar en mis hijos", "me quedáre aquí unos años y luego ya podré…". Altucher narra la historia de que una vez se le acercó una bella mujer en una fiesta casualmente saludándolo. Él no la reconoció hasta que después platicando supo que era una ex-colega que había dejado su trabajo y se dedicaba ahora a la consultoría por su propia cuenta –se veía 30 años más joven (la consultoría suena como una fantasía onanista para el oficinista promedio).
Otro ejemplo: en la película de George Lucas THX-1138 todos viven subterráneamente, porque se dice que arriba todo está contaminado de radiación. Pero el protagonista, THX-1138, decide subir y descubre que arriba yace un mundo esplendoroso donde todos lo reciben con los brazos abiertos. Tal vez si sales del lugar en el que estás puedas descubrir algo similar: el sol siempre está detrás de la pared (y la pared a veces sólo esta hecha de cartón).
9) Está bien tomar pasos de bebé– Esto es, no tiene que renunciar hoy, pero debes de prepararte. De la misma forma que un corredor se prepara ejercitándose todos los días y comiendo saludablemente para un maratón, tu debes de prepararte para cumplir con tu carrera, sea la que sea. La pequeña épica de la vida se resuelve en el día a día, con decisiones y sus consecusiones. Dice el Tao: "Un viaje de mil leguas empieza con un solo paso". Puede sonar como paja metafísica autosuperacional pero es irrefutable (además de que si algo se acerca a lo que concebimos como eterno en nuestra cultura, eso debe de ser el Tao). Al tiempo que uno de los grandes obstáculos para realizar algo –una hazaña o un pastel de zanahoria– es simplemente atreverse a iniciar.
10) La abundancia nunca llegará de tu trabajo– Al igual que la felicidad no está en la posesión, para Altucher, la abundancia no está en la cantidad. La abundancia está en la fluidez, en la fertilidad: "Sólo salirte de la prisión que te impone tu fábrica te permitirá lograr la abundancia [...] La abundancia sólo llega cuando te mueves a lo largo de tu propia temática. Cuando estás verdaderamente enriqueciendo la vida alrededor de ti". La abundancia parece ser más un estado mental, una especie de mananatial que te sigue y envuelve a tu entorno. Tu obra maestra, tu verdadero trabajo, es tu propia vida.
Por último, existe una frase popular que dice, "la salud es movimiento" (y según William Blake: "Aquel que tiene deseos, pero no actúa, engendra pestilencia"…) Así que cualquier pretexto es bueno para entrar en movimiento, para no permitir que tus deseos te paralicen–y en su inacción se somaticen. Y a fin de cuentas dejar tu trabajo es sólo una metáfora de dejar atrás el pasado.




